jueves, junio 28, 2007

Día 4: El Largo Adiós

Los gallegos y yo hicimos el check out del hotel a las 10 de la mañana del mismo día y les dije que me esperen 15 minutos que iba a dejar las cosas en la casa en la que alquilaba la habitación que estaba a un par de cuadras. Cuando volví ya se habían ido, “Se acaban de subir a un taxi,” me dijo un seguridad. Me dio una amargura bárbara, estos gallegos me habían cagado. Se iban a eso de las 5 y la idea era que andaríamos juntos por las pocas horas que les quedaban, que no era mucho, pero la sensación de abandono fue terrible.

Me fui a recorrer la Habana Vieja de la que solo había visto la zona del Capitolio y el Museo de la Revolución.

Habana Vieja es muy linda, los edificios importantes están mayormente restaurados y el ambiente es para turistas, hay calles recomendables como Obispo, Mercaderes, y todas en general, si uno se sale de esas mas turísticas están las clásicas casas venidas a menos, apuntaladas, construcciones imposibles y esas cosas. Muy lindo todo, pero yo estaba pensando en lo solo que me había quedado.

Yo sabia que el plan (muy sui generis) de los gallegos era dar unas vueltas por la Habana Vieja pero después de dos horas encontrarlos era imposible, no? no? bueno me los encuentro al doblar una esquina, “Gallegos cagadores,” les dije. “Hey bla, bla, te hemos esperado tres cuartos de hora y nos hemos ido,” no me di cuenta que había tardado tanto. Quisimos tomar unas cervezas y por equivocación nos metimos en una heladería, así que nos tomamos unos helados.

Nos fuimos a comer al Oasis donde Fernando había conocido a su “novia,” y habían hecho otras también “amigas” (disculpen el uso excesivo de comillas pero sino escribo “jinetera” (de nuevo) cada 10 palabras). La novia de Fernando apareció por casualidad, su tía trabaja ahí, tenia puesta la misma remera del día anterior.

Mas tarde nos despedimos formalmente y ya la cosa fue distinta. El duelo fue instantáneo. Unos chavales muy divertidos Humberto, José Luis, Fernando y Jaime.

Me interne en la habana Vieja de nuevo y ahora si solo y la vi con otros ojos. Me alucinó.

Esos negritos jugando al baseball entre edificios de, no se, un par de centenares de años, no tengo idea. Hay casas con casillas construidas adentro y la gente se apiña en ventas de pizzas y jugos y sándwiches de cerdo riquísimos y tienen un pan tan amarillo que me da asco solo de acordarme. Las calles son anchas como para carretas y los edificios son monumentos y las iglesias son gigantes antiguos. Habana debe haber sido una megalópolis en su tiempo, 100, 200 años atrás. Si este mundo no fuera este mundo Habana sería... ¿Que hubiera pasado si los planes de Guevara hubieran fructificado? Si hubiera triunfado en Congo y en Bolivia y así seguir con otros lugares, 2, 3, muchos Vietnam, y cada nuevo país pidiendo consejo Cuba, a La Habana. Y Cuba en dos o tres décadas se hubiera convertido en la guía moral del mundo, gobernada por un consejo de sabios revolucionarios que se ocuparían de que todo el mundo lea y coma siempre. ¿Cuantos hombres hubieran muerto en la guerra contra el emperador? Muchísimos, pero sin duda hoy morirían muy pocos, solo de viejos. Recorriendo la Habana Vieja me dio algo en el pecho y se me hizo un nudo en la garganta un par de veces de solo ver e imaginar.

Ya no me hubiera importado quedarme los 20 días del viaje en La Habana. Además tenía un dilema con las jineteras, no me sorprendería si volvía virgen de Cuba. Por cierto, las habaneras en general parecen jineteras, son muy exóticas y faroleras. El caribe no es Argentina.

La habitación nueva esta muy buena y tiene vista al malecón. ¿Cuanto hace que planeo esto y estaba en una habitación con vista al mar de La Habana? Más allá de los altibajos anímicos pensaba que la experiencia iba a estar muy buena. Aunque todavía tenía un poco de miedo. No quería salir de noche, no sabía si por no gastar, las jineteras (que medio me deprimía la cosa), o el miedo a aburrirme. Anote en el diario: “¿Dije que me arrepiento de haber venido solo?”

Fui a cenar al bar del Vedado, en el que había pasado todo el día anterior, el pelado de la noche anterior con sus jineteras (una era para morirse) estaba ahí y me las ofreció. Le dije que no gracias. Me dijo que para qué había ido a Cuba si no era para buscar chicas, le dije que había ido a buscar a Guevara y se rió de mí. Me dijo que él le había dado la mano de niño cuando el Che visito su escuela y citó de memoria la carta de despedida del Che a Fidel y dijo, “Me siento muy identificado con su pensamiento.” Le pregunte si no era una contradicción, Guevara y, le hice el gesto que me había hecho él antes al ofrecerme las chicas, ondear las dos manos como recorriendo la silueta de una guitarra, una Coca Cola, una jinetera. Asintió mirando un horizonte inexistente.
El pelado se llama Coco y es una especie de Cristopher Walken negro, con la cabeza rapada y un lunar bastante asqueroso en la mejilla derecha. Tiene una cicatriz muy fina desde el lado derecho del labio superior hacia ese lunar y el antebrazo izquierdo cosido de cicatrices del codo a la muñeca, cicatrices como las de los presidiarios cicatrices, de esas que se hacen para pasárselo en la enfermería con mejor comida y cama.

Por la tarde también me compré un par de tomos editados en el 85 de Guevara, Obras escogidas, 1957-1967 a 20 dólares y un librero de la calle me ofreció “Una revista firmada por la viuda del Che, Adelaida,” Aleida, le dije, “Si, ella,” dijo.
Soy un tipo raro en Habana, no quiero chicas, ni tabaco, ni oro blanco. Quiero a Guevara, pero Guevara es un ser mitológico, un templo en ruinas y descuidado por el que los turistas pasan, sacan unas fotos y siguen.

2 Comments:

Blogger Minerva said...

Lindas las crónicas habaneras. Sobre todo el último párrafo, te vas a reír pero a mí me pareció poético.

10:02 p.m.  
Blogger davidxxx said...

no me río, yo soy un poeta

11:16 p.m.  

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