jueves, julio 12, 2007

Día 7: Scarface

Hoy miré un rato de Nip Tuck con Lourdes y su hija (no me acuerdo como se llama, y es linda, pero tiene el mismo bigote que su madre), alquilar una temporada de Nip Tuck bajada de la web (en Cuba está prohibido tener Internet, así que no debería existir nada de esto) grabada en CDs cuesta 10 dólares, recuerden que un sueldo está en los 30. Si, nada tiene sentido, pero también recuerden que Lourdes me cobra, solo a mí, 20 dólares y la otra habitación, con dos personas, sale 30. Así que ahí estaba yo en este país comunista y atrasado viendo una serie imperialista que yo todavía no había visto. Me sentí fuera de lugar. Cuba no esta en ningún lugar.
A la tarde fui a la Fortaleza del Morro, un castillo del 1600 clavado en la entrada de la bahía de La Habana con su faro y todo. Muy lindo.
Hoy me cayó una ficha. La soledad me aplasta, creo que si puedo cambiar el pasaje adelanto la vuelta una semana, sería el domingo que viene ya que mañana va a ser una semana que llegué. El resto de la isla lo puedo ver la próxima vez que venga cuando no cometa el error de no venir solo. Pedazo de comemierda.
Me hice un autorretrato en la habitacion que alquilo.
Estoy bronceado y ya no me rompen tanto las pelotas los vendedores de habanos, asumen que hace unos días que estoy y ya me encaró todo el mundo. Los que me llaman cuando tengo los lentes puestos arriesgan unos: “Italian! Greek! Turkey!” Están perdidos.
Si todo sigue como hasta ahora me vuelvo con todos los forros que traje, y eso que era una suma modesta. Si no se paga... El problema es que no se como es la cosa. Todavía no fui a una disco y en la calle las cubanas ni te miran, por la policía, que como dije, si las ven hablando con un turista asumen que se están prostituyendo. En contextos turísticos cerrados no hay problema, pero tampoco anduve mucho por bares, hoteles y boliches.
En el fuerte hable con los encargados de la torre mando de entrada de barcos a la bahía que es la zona portuaria. Dos tipos piolas que no me quisieron vender nada y hablamos un rato largo, de política y Cuba y argentina y Guevara. Creyendo que La Cabaña, la Comandancia del Che al principio, estaba adentro de la fortaleza le pregunté por las ejecuciones que tuvo a cargo en las primeras épocas del Gobierno Revolucionario, “Todos los que mataron habían matado gente,” me dijo excusándolo. Todo bien, tío, yo estoy de su lado.
“Acá estamos muy bien, lo único que falta es mejorar un poquito la economía.” Solo entran 6 o 7 barcos por día a La Habana, 24 hs. Eso es poquísimo con bloqueo o no. Algunos de esos barcos son americanos y traen mercaderías yanquis. En algún momento de la charla estos hombres me dijeron que estaban dispuestos a tomar los fusiles para combatir el Imperialismo. Si, yo tampoco entendí nada, y no les quise decir que podían conseguir Coca Cola por un dólar y medio en cualquier bar de su ciudad. La invasión ya había empezado y estaban perdiendo. Ya veo los Tommy Hilfiger y Village Cinemas y a Bruce Willis haciendo la Avant Premiere de Die Hard 5 en el festival de La Habana.

A la noche fui a comer al bar del Vedado que es bueno y barato (sándwich de atún, 5 dólares) y Coco se sentó en la mesa al lado mío y se puso a hablar, chulo ex presidiario. Ya en confianza le pregunte cuanto sacaba el por conseguirle clientes a las chicas, me dijo que si ella cobraba 30, 10 eran para él, si 20, 5. Resultó ser un Scarface hecho y derecho. Se había ido en el ochenta y pico, esa vez que Castro mando para Miami barcos y barcos de gente de no se bien que tipo, criminales y homosexuales en el mismo envío. Fallas del sistema. Coco tenía unos 20 años y estaba del lado de los criminales. Me dijo que anduvo por varios lugares de USA, llegó a juntar más de 350 mil dólares por venta de drogas y mató a un tipo que había matado a su hermano menor y en el 92 USA puso 35 mil dólares por cabeza para que Cuba reciba de vuelta a estos “exiliados,” así que se encontró de vuelta en La Habana en sus 40s. Circulo cerrado. Todo contado desde una cierta “modestia.” Estaba con una jinetera muy linda y blanca (las blancas son mas caras que las negras) y me preguntó si podía hacerla sentar con nosotros, ella estaba en la barra, y les invite un trago. Ahí me entere que no se conocían con la jinetera, solo se asocian por esa noche para conseguir algún turista y si te he visto no me acuerdo. Un polvo de una noche pero no de ellos. Él le pregunté si tenia hijos y yo le dije que si, sino no estaría ahí, y ella asintió. Me sentí muy inteligente y muy pelotudo.
Coco se fue el baño y la jinetera se fue un rato después, cuando volvió Coco preguntó por la mina y cuando le dije que se había ido quedo desconcertado. Yo pensé que era cosa de ellos, ni sabía que trato tenían, pero me di cuenta que la que mandaba era ella. Es obvio la verdad, sin mina, no hay turista, no hay plata. Coco vió que la mina estaba en la vereda hablando con un tipo y dijo, “Si me mira voy, si no, que se cague.” Ella no lo miró pero el la buscó igual y se fueron juntos. Mandaba ella.

2 Comments:

Blogger cuqui said...

Me hubiera gustado el relato de vos y "la que manda"...
saludos David!

12:31 p.m.  
Blogger davidxxx said...

a mi tambien cuqui...

1:00 p.m.  

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