miércoles, agosto 22, 2007

Día 12: The Beatch


Françoise se queda dormido y llegamos a la playa a la 1 y para las 2 ya llueve. Perfecto. Este es mi debut y despedida con el Mar Caribe, aunque técnicamente, La Habana da al Atlántico. Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal; ese es el leit motiv del viaje, ¿por que iba a cambiar un día antes de volverme a Argentina? Abajo de un chiringuito, tratando de esquivar las gotas heladas comimos el mejor brochet de cerdo del mundo. A esta altura ya debo haber bajado 2 kilos y todo lo que como mierda, así que cuando nos salimos del menú usual todo nos parece un manjar.
Ya en La Habana comprobamos que la lluvia es un diluvio. Françoise no lo puede creer pero le digo que en Rosario he visto peores. No le entra en la cabeza que el agua llega de cordón a cordón en las calles. Le digo, Bienvenido a Latinoamérica.
Vamos al Hotel Nacional. El Bar da a un parque hermoso que da al Atlántico, ahora invisible por la lluvia. Hay todo un entorno medio palaciego ya que es una construcción de lujo de los 20’s y tenemos onda, “Hoy es mi “Ultima noche.” La mía, F se va en cuatro días. El bar, como dije en alguno de los primeros capítulos, rodea el parque y todos son unos livings con sillones muy cómodos. Nos sentamos en uno y nos clavamos unos cafes con leche. Françoise dice, “Parece que estamos en una película de James Bond.”



A todo esto, apenas llegamos, noto que una turista sentada en otro de los livings me mira. Son todas turistas o jineteras carísimas. Esta es una turista de unos 35, lee su libro o escribe algo o saca unas fotos y durante todo el tiempo, cada tanto, me mira. Así por como hora y media.
F me insiste conque vaya a hablarle. Pienso si será que después de dos semanas en Cuba me cojo una turista y no una cubana. Anyway, eventualmente paga y pasa por delante de nosotros para irse, la llamo “Señorita!”
Si? “Hola, ¿hablás español?” Poco. “English?” Yes. “Where are you from?” Paris. “Oh! He’s from Paris too!” digo yo señalando a F, y a ella parece no importarle. La invito a sentarse. Es pálida y de pelo castaño oscuro y bucles con unas pecas en la cara. Le pregunto por qué habla tan bien el inglés y me dice que vivió en “America.” Es separada y vive en Paris desde hace 15 años. Debe tener unos 35 y se llama Emily. Le digo que no suena muy francés. Emilí, dice ella. Me pregunta mi nombre. Es periodista de modas para Vanity Fair y todo eso. Una pavada. Se acaba de comprar un piso, “Donde?” pregunta Françoise. En el distrito 11, dice ella. Françoise me había explicado que París esta organizada por distritos que van desde el 1 en el centro de la ciudad hasta no se cual, y que se abren en espiral hacia las afueras, creo que F vive en el 20 o algo asi. Supongo que el 11 debe ser bastante céntrico y por lo tanto caro en una ciudad de por si cara como París. Dice que viaja 3 o mas veces al año, a veces por trabajo, siempre sola y le gusta así. Por lo que dice conoce todo el mundo, mal. Vino a Cuba a Hacer tiempo, en unos días tiene el casamiento de su hermana que vine en Cozumel con un mejicano. El guionista de la película es un genio. Dice que se va a ver el restaurante del hotel a ver si esta bueno. Apenas se va Françoise me dice desesperado. “El Barrio en el que compro su departamento es lo mas caro de Paris y es el barrio de moda de los snobs. Esta chica tiene muchísima plata! Su familia debe tenerla! Pero muchísima! Y está con vos, en Francia hay ciertas costumbres muy estrictas, por ejemplo cuando te preguntó el nombre y no me lo preguntó a mí, eso me dio la pauta de que esta enfocadísima en vos.” Es cierto, creo que solo miró a Françoise para lo mínimo indispensable y no me sacó los ojos de encima.


Emily vuelve diciendo que no le gusta el restaurante y que va a ir a otro. “Te molesta que te acompañemos?” le digo. No, dice ella. “Yo me voy a mandar un email a casa,” dice Françoise en una rápida jugada. Yo me la empiezo a coger con la mente. Mi guionista es un genio. Un Charlie Kaufman o algo así. Después de no haber cogido en dos semanas una turista está perfecto y cierra con mi deseo de no saquear las reservas naturales de la empobrecida Cuba.
En la puerta del Nacional tomamos un taxi Mercedez Benz negro como los de las películas de James Bond. “Vamos a un restaurante muy lindo que esta cerca de mi hotel,” dice. Perfecto, ya esta cogida.
El restaurante es muy romántico y está en la plaza de la catedral, toda iluminada con luces naranja. No había venido a la Habana Vieja de noche. Es hermosa aunque no hay mucha gente por la calle.

Yo no como, son las 8 de la noche, así que me pido un mojito y ella un par de platos. Me entere que vive en Paris desde hace 15 años pero nació en California. Es una de esas yanquis que ansían ser parisinas, como Carrie, de Sex & the City. Mi historia mejora a pasos agigantados. Me voy a coger una yanqui en La Habana. Guevara me mira orgulloso desde el Cosmos. Le hago una disertación sobre el Che que escucha muy interesada y algo mágico: la banda del restaurante toca Tu Cálida Presencia, que quiero escuchar desde el primer día y no se dió. Esto es una señal. Quiero apretar las clavijas porque ya me dijo que mañana tiene que madrugar para irse a Varadero y yo quedé con Dari que le llevaba las cosas al bar de su tía, que aunque ya es tarde pero ella se debe quedar por ahí, igual vive cerca. Damos unas vueltas por la zona. Cuando estamos por llegar a su hotel dice, “Yo me voy a comprar una botella de agua para mañana, vos podes tomarte un taxi allá,” mientras señala el Capitolio a tres cuadras más adelante. What?! “Ah... oh, ok, creí que podría subir un rato...” digo. Se que su decisión está tomada quizás desde hace rato. Dijo, “No, mañana tengo que levantarme temprano, blabla, Varadero, blabla.” Le digo “Please to meet you,” y nos besamos para despedirnos.

Tendría que haberla agarrado y besado? Si. Era una conchuda? También, y probablemente sea lo que sea que hubiera hecho no habría servido de nada. El Imperialismo gana otra batalla contra de los oprimidos. Me fui puteando al Guionista. Nunca me jugó una tan buena, o tan mala, como esta. Me sirvió una bandeja única: Cogerme una americana de guita en La Habana. No hay una situación mas perfecta para fin de la película. No la abra nunca. Y si bien el final coherente es el que tiene, me cagó la historia para contársela a los muchachos. Fuck.

A todo esto había quedado con Dari para darle las cosas, así que me tomo un taxi hasta mi casa, junto las cosas y vuelvo hasta el Oasis, donde había quedado, sobre el Paseo Prado, a tres cuadras del Capitolio (pero en otra dirección). Ironía del guionista? Por supuesto, el hijo de puta...
Dari no está y tengo que ahuyentar a un gordo manguero que se me sienta en la mesa, y como “es su cumpleaños” quiere que le de algo de la bolsa si o si. Si no fuera La Habana no me haría el macho como con este tipo, me lleva una cabeza y 40 kilos. Como al petiso del primer día en el Malecón lo miro a los ojos y solo le digo, “No,” a su interminable insistencia.
Se me acerca una mujer, es la tía de Dari, me dice que estuvo pero ya se fue pero va a ver si la encuentra en la casa.
Ya desfallezco del hambre pero no hay nada que comer en el restaurante, son las 11 de la noche, así que me tomo una cerveza y miro unos videos del año del pedo, entre ellos uno de El General, ese que dice: “Tu eres mi mamita, linda y apretadita,” con unas tetonas en corpiño y gorras militares rusas.
Llega Dari y le doy su bolsita. Ni me dice gracias. Me parece raro pero supongo que esta intimidada. No hablamos de nada relevante, principalmente de mi mala suerte con los boliches, “El clima no te ayudo,” dice. No me digas. Me recomienda no volver cruzando por Habana Centro y le digo que igual voy a volver en taxi. Al salir, el gordo que me mangueaba antes insiste en conseguirme un taxi y hasta para un auto que pasa por ahí, “No te preocupés, yo me lo consigo solo.” Dari lo caga a pedos y le dice que se deje de molestar mientras sostiene su bolsita violeta, de Libreria Ross, medio preocupada me pregunta “En que habitación estas, David?” Ella cree que todavía estoy en el Vedado. Le digo que estoy en una casa, que no se preocupe, que suerte, que nos vemos, sabiendo que muy probablemente no la vuelva a ver en la reputísima vida, al tiempo que paro un taxi y me subo.
Mañana es domingo y tengo que estar en el aeropuerto a las 6 de la tarde.